educación sexual y afectiva en Chile, ¿qué hacemos ahora?
El pasado jueves 15 de octubre 73 parlamentarios votaron a favor del proyecto de ley (PL) para establecer unas bases comunes para la educación sexual y afectiva en Chile. Adjunto PDF del PL para que cada persona, padre, madre, docente, ciudadanos interesados, pueda formar opinión. Son apenas 4 páginas, porque no desarrollan un programa mandatario, sino solamente “bases comunes”, un suelo mínimo indispensable, para los programas que aborden esa enseñanza vital.
Los establecimientos educativos, lo señala el PL, no sólo tenían derecho a construir sus programas, sino que además tendrían la responsabilidad de inclusión y participación de las familias, y de adherir a un estándar de cuidado a niños, niñas y adolescentes en consideración a sus etapas del desarrollo, edades y capacidades. No sé si los 61 diputados que votaron en contra y las dos diputadas que dieron un voto de abstención habrán leído las 4 páginas del proyecto de ley, pero no es el campo minado ni la convotaria al camino de degeneración poco menos, descrito por algunos sectores.
Ha habido, de hecho, acusaciones muy graves, algunas levantadas en función de eventos en otros países, y otras, relatando trasgresiones ocurridas en establecimientos Chilenos. Creo que deberíamos, valiéndonos de herramientas a disposición de la ciudadanía, indagar responsablemente sobre cuántas denuncias se han presentado a superintendencia de educación, ministerio público, en razón de malas prácticas o presuntas vulneraciones y abusos sexuales -como adultos enseñando masturbación a niños pequeños- asociadas a la educación sexual y afectiva en Chile.
Circula el video de una madre que señala haber concurrido a la superintendencia de educación para denunciar al jardin infantil de su hijo,, por usar el libro “Conociendo mi cuerpo y mis emociones” de Mundicrom, en cuya ficha técnica indica “educación sexual para padres e hijos a partir de los doce años”. Si un jardín infantil comete un error o descriterio en el uso de un material claramente definido para adolescentes y no prescolares, dicha falta debe ser rápidamente corregida y sancionadasi así lo determina la autoridad-, pero no significa que esa sea la tónica en el territorio nacional completo, y que por situaciones aisladas debe prohibirse la educación sexual y negar su acceso a todos los estudiantes. Las cosas pueden hacerse mucho mejor en una esfera donde nuestro país tiene mucho por construir todavía.
Es 2020 y todavía la educación sexual y afectiva no es un estándar, pese a toda la evidencia científica que la valida como una herramienta de salud, de promoción del autocuidado y cuidado y relaciones humanas respetuosas, o de prevención de abusos sexuales.