“Es posible reparar el abuso” – Tell Magazine / Nov. 2012

La avalancha de informaciones sobre el abuso tiene un lado positivo: estamos creando conciencia y aprendiendo a hablar de un tema que, hasta hace poco, era tabú. “El abuso puede sentirse como una bomba nuclear, pero es posible reordenar y reconstruir”, explica esta psicóloga, experta en el tema y sobreviviente de abuso.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló.

Hay una contradicción cuando se conoce a Vinka. Bastan solo unos minutos de conversación para develar esa dualidad: por un lado, una fragilidad evidente, desde lo físico y lo no verbal, y por otro, una fortaleza y resiliencia que impactan a cualquiera.

Es grácil y delicada. Su voz tiene un tono dulce e, incluso, algo quebrado. Pero al minuto de compartir, escucharla y leer su impactante testimonio como sobreviviente de abuso sexual en su libro Agua fresca en los espejos, la percepción cambia radicalmente y se vislumbra a una mujer fuerte, aguerrida, decidida a ser feliz a pesar de sus circunstancias y, además, dispuesta a compartir sus experiencias y conocimientos de un camino que es de desafíos, pero también de renacimientos posibles.

Definió en su adultez que su mayor pasión estaba en la literatura. Hoy combina sus tareas: escribe libros, columnas, da charlas y realiza consultas, mientras disfruta de una maternidad muy original, resolviendo las dispares necesidades de sus hijas de veinticuatro y cuatro años. Y aunque no buscó dedicarse al abuso, la vida la llevó a enfrentarse diariamente con sus propios demonios. La respuesta la ha sorprendido, cada día son más quienes se acercan a ella, le escriben cartas y correos, o vía twitter bajo el hashtag #tribu, para identificarse con una historia común.

“Estamos viviendo un momento que, a pesar de ser doloroso y difícil, es muy positivo y esperanzador en la mirada ética del cuidado. Hay mayor conciencia sobre el abuso y más coraje en enfrentarlo. Hay preocupación, estamos mejor dispuestos a escuchar a los niños y a no dejar sin explorar fuentes de sufrimiento que podrían deberse al abuso, o quizás a otros motivos. No hay que seguir pecando de ceguera”.

¿Es sólo un aumento de denuncias o efectivamente una mayor ocurrencia de casos?
No podemos saber si ha aumentado la ocurrencia. El abuso se construye y sostiene en silencios y secretos. Y no podemos olvidar que, por cada denuncia, existe un número estimado de siete niños que no hablarán.

¿Qué papel jugaron los denunciantes del caso Karadima en este “destape”?
Mucho antes de ellos, hubo tres mujeres: Katherine Salosny y las hermanas María José y Ángela Prieto, que fueron las primeras personas, en Chile, que pusieron luz sobre este tema. Años después, los denunciantes de Karadima amplificaron esa luz, visibilizando el abuso no solo a las niñas (que son cerca del ochenta por ciento de los casos), sino también a los niños y adolescentes hombres. Y nos recordaron, además, que el abuso podía ocurrir en cualquier entorno, inclusive dentro de la Iglesia. Fue un testimonio histórico, especialmente el de James Hamilton en televisión.

¿Lo que está ocurriendo en Chile es parte de una tendencia internacional?
Siento que sí, aunque unos cuantos años más tarde. A mí me tocó vivir en Estados Unidos la develación masiva de las denuncias contra la Iglesia Católica en los noventa (que también se dio en Irlanda, Inglaterra, Canadá), y el tema siempre estaba presente: en educación, en los medios, en las familias. No era tabú, ni se cuestionaba la credibilidad de los denunciantes.

¿Qué experiencias podemos rescatar de otros países?
En mi caso, para entrar a trabajar en un colegio, no solo fui evaluada, sino también capacitada en prevención de abusos y en estándares de relación y acercamiento con los niños. Y no solo pensando en el aspecto físico-corporal, sino también emocional, porque mi rol era de profesora y orientadora, no de “amiga cool” o “mamá sustituta” de mis alumnos. En prevención, la clave está en educar, educar, educar. A nivel ciudadano, también, se observa en otros países una mayor apertura a considerar que el abuso es posible, que debe denunciarse y que puede repararse, pero que en esto es central la respuesta familiar y colectiva frente a las víctimas.

Existen muchos mitos respecto de los abusadores. ¿Cómo saber qué es cierto y qué no?
Es un tema complejo. Aun hoy en día, existe un debate sobre la “patología” o no de los abusadores. Es importante reiterar que la mayoría de los abusos ocurre en el entorno más cercano, con familiares (mayor proporción de padres biológicos, luego abuelos, padrastros, tíos, etc.) o personas de confianza de la familia (educadores, sacerdotes, mentores del niño o joven en grupos diversos). Apenas un cinco por ciento corresponde a extraños. La mayoría son hombres; solo entre un diez y un veinte por ciento serían mujeres. No existe un perfil inequívoco y muchas de estas personas pasarían nuestro primer escrutinio y hasta podrían llegar a contar con nuestra confianza. Quien abusa no es ese personaje con visos “depravados” que muchos podrían imaginar; y tampoco es igual decir abusador que pedófilo, así como existen distinciones entre una relación de incesto, por ejemplo, y el abuso y/o explotación sexual. Es importante saber que quienes abusan, en su mayoría, pueden tener un trabajo corriente, parejas adultas y heterosexuales, incluso familias. Algunos pueden ser más solitarios, tener problemas de sociabilidad con sus pares adultos, vivir con mucho miedo de sus propios impulsos o de ser descubiertos. Y otros pueden ser más impulsivos y temerarios, como ese papá que fue detenido en un bus de Transantiago. Los acercamientos a los niños también son diversos y no siempre pasan por la amenaza, intimidación y coerción, sino que también por la vía del “encantamiento” y la creación de complicidades afectivas con el niño.

Los últimos casos develados y denunciados son en colegios. ¿Cuáles son los criterios para elegir el lugar en el que nuestros hijos van a pasar gran parte del día?
Es importante preguntar al colegio por su postura y procedimientos para promover buenos tratos, para prevenir abusos de todo tipo y capacitar al personal en esta materia. Saber cómo enfrentan situaciones de sospecha o de abusos comprobados. No me refiero solo al tema de  la denuncia, que es una obligación, sino al apoyo.

¿Cómo trabajamos para no convertirnos en una sociedad paranoica? Es difícil no ver abusadores en todas partes…
Es cierto, sobre todo porque ya sabemos que, en todos los entornos, es posible encontrarnos con esta experiencia feroz. Pero así como podemos asumir que existen personas que abusan, también uno puede ver “cuidadores” en todos lados: buenos padres y madres, abuelos amorosos, educadores comprometidos. Quizás el llamado es a ser más precisos en nuestras distinciones. Que alguien sea “súper cariñoso” con los niños, no implica que sea respetuoso de sus límites corporales y emocionales. Hay personas para quienes el afecto, la ternura y el respeto no van de la mano. Si es así, estamos en todo nuestro derecho a actuar para proteger a nuestros niños. Hoy las energías deben ser puestas en garantizar un cerco de cuidado, de respeto y valoración de la infancia y sus derechos, y dejar de reaccionar solo ante los “incendios”.

EDUCAR, CONVERSAR, ESCUCHAR

“El cuidado y prevención son siempre una responsabilidad nuestra, no de los niños. Pero podemos guiarlos, desde que nacen, en la formación de un repertorio de auto cuidado: con respeto a sus ritmos de crecimiento, sus cuerpos, sus preferencias, sus límites físicos y emocionales, su privacidad e intimidad, su dignidad como personas humanas, su derecho a decir no. Cuando crecen y ganan en lenguaje, la comunicación es imprescindible; escucharlos, conversar con ellos y compartir información sobre sus derechos, sus cuerpos, la sexualidad, y también sobre qué esperar de la relación con los adultos. Hay distinciones imprescindibles que enseñarles, por ejemplo, entre el respeto versus la obediencia ciega o el sometimiento”.

En materias legales, ¿en qué se ha avanzado y qué es lo que falta por hacer?
Se agradece, por ejemplo, la reciente ley de Inhabilidad Laboral y el registro nacional de pedófilos. Pero existen deudas inmensas, como la imprescriptibilidad del delito de abuso sexual infantil o al menos una ampliación significativa de los plazos de prescripción (ojalá treinta años) para facilitar la denuncia; también es prioritaria la Ley de Prevención Obligatoria para Jardines y Colegios, que fue presentada en enero de este año, y luego los proyectos de Defensoría del Niño y de Ley para la Protección Integral de la Infancia. Recientemente, el Ejecutivo presentó un paquete de medidas para “combatir” el abuso, y aunque se valora, seguimos en la “reacción” más que en la acción y prevención.

¿Es posible reparar el abuso sexual?
Sí. Por difícil y traumática que sea la experiencia. La clave es detener el abuso lo antes posible (a más años de silencio, mayor el daño), permitir la develación de la verdad, escuchar y creerles a las víctimas, y también acompañarlas. El abuso puede sentirse como una bomba nuclear, pero es posible reordenar y reconstruir, hacer una vida plena. Claro que esta reparación, en la mayoría de los casos, requiere de apoyo terapéutico, y para muchas familias el costo de una terapia puede ser prohibitivo. Cuesta entender por qué el abuso sexual infantil todavía no es asumido como una prioridad en salud pública.

Tú eres un ejemplo de que uno puede reconstruirse, enamorarse y hacer familia. ¿Cuál es la experiencia que, desde ese lugar, puedes entregarle a las víctimas o a sus familias?
Toma tiempo, voluntad, y una vuelta a la confianza sobre el cuidado como algo posible en las relaciones. También pasa por reconocerse e ir ejerciendo derechos: a elegir y des-elegir, a expresar y actuar sobre preferencias personales y no ajenas, a distinguir entre buenos y malos tratos, y también entre buenas personas, buenos cariños, y aquellas relaciones que empobrecen tu vida o derechamente te dañan. Son ejercicios de mucha perseverancia y no están exentos de error, pero es hermoso recalibrar y tener la posibilidad de darte crédito, escucharte, hacerte caso. La vida tiene desafíos, accidentes, pero también tiene tanto que ofrecer, y no es un pecado ni una exageración querer construir algo bueno y bien cuidado, y al mismo tiempo poner límites, renunciar a ciertas cosas, y alejar de tu vida a personas que pueden exponerte a nuevos abusos y daños. Desde este suelo necesario se da el otro eje esencial para sanar: el amor. A mí eso se me reveló muy fuerte gracias a la maternidad. Es un aprendizaje transformador, súper reparador, de activar muchas resiliencias y gratitudes. Ser mamá, esposa y hacer hogar, me ha enseñado mucho sobre el amor.

Reducir el riesgo
Algunos tips para enfrentar este tema con los niños y reconocer los riesgos:
– Distinguir con la mayor precisión posible que hay espacios privados, y otros “de grandes” y “de chicos”: habitaciones, la cama, los turnos para ocupar el baño.
– Si nuestros niños son invitados a otras casas, conozcamos a los papás y mamás, hay que saber con quiénes se quedarán nuestros niños.
– Conocer bien criterios de cuidado, de prevención y de respuesta frente a denuncias en los establecimientos prescolares y escolares donde asisten nuestros niños. Evitemos matricular a nuestros hijos en lugares donde no se tomen las medidas adecuadas.
– Conozcamos bien y verifiquemos referencias de cuidadores como nanas, babysitters, o choferes de transporte escolar, monitores, entrenadores o personas conocidas (otros apoderados o vecinos del barrio) con quienes dejemos a nuestros hijos. Expliquemos por qué; quienes están comprometidos con estos temas, entenderán nuestro celo.
– Hablemos con nuestros niños. Queremos saber cuán bien lo han pasado, y también notar a tiempo señas de malestar, angustia, temor o incomodidad.
– Acompañemos a nuestros hijos a la plaza, a jugar. Permitamos que jueguen con sus amigos, pero también dejémosles saber que estamos accesibles y cercanos, para lo que sea necesario.
– Estemos atentos a las actividades que desarrollan nuestros hijos en computadores de escuelas, colegios, o del hogar. Internet es una gran herramienta, bien usada. Pero administremos los tiempos de acceso al computador según la edad de cada niño, apoyémonos en controles parentales e historiales de navegación. Indicar criterio para sitios que pueden visitar, evaluar muy bien participación en Facebook, y si tienen permiso para chatear, limitarlo a conocidos de su colegio y con la condición de que cuenten en el chat de que sus papás están atentos y presentes.
– Si nuestros niños nos conversan, conservemos la calma, dejemos que el niño se explaye, hagamos preguntas genéricas o esenciales y de forma sutil. Si fue falsa alarma, de todos modos establecemos un antecedente positivo
-En relación con el cuerpo, es recomendable que una vez que comiencen a usar traje de baño o ropa interior, e inclusive con pañales (si ya son capaces de comprenderlo), señalemos que justamente lo que cubren esas prendas está fuera de límites para el mundo. Debemos ser claros en quiénes podrían, bajo qué circunstancias, tocarlos en esas áreas (lo mismo corre para la boca y las manos).
-Es fundamental enseñar los nombres anatómicamente correctos de todas las partes del cuerpo, y de las partes íntimas e ir constatando de tiempo en tiempo ese aprendizaje.
-No temer ir abordando los temas de la sexualidad, acorde al nivel de comprensión y madurez de los pequeños.
– Respetar y estimular a los niños a ir pausadamente definiendo sus cercanías o distancias físicas y emocionales con distintas personas. Ser respetuosos y cordiales, no es igual a estar obligados a besar o abrazar a medio mundo.
– Enseñar a los niños que hay secretos que NO DEBEN GUARDAR. Es necesario incentivar a nuestros niños a decir que NO, sacar su voz o a pedir ayuda.
-Ante las preguntas de nuestros niños debemos responder de forma sencilla, clara y honesta. Si no estamos seguros sobre qué responder, pedir ayuda.
-Cuando las preguntas estén directamente relacionadas con el abuso sexual tratemos de entregar información clave, sin jamás evadir el tema.

“Es importante preguntar al colegio por su postura y procedimientos para promover buenos tratos, para prevenir abusos de todo tipo y capacitar al personal en esta materia. Saber cómo enfrentan situaciones de sospecha o de abusos comprobados”.