T13 Radio – Siempre es Hoy 13/08/2015
Vinka Jackson visitó el programa de Carola Urrejola para referirse al proyecto de ley que garantiza derechos de niños y adolescentes.
Vinka Jackson visitó el programa de Carola Urrejola para referirse al proyecto de ley que garantiza derechos de niños y adolescentes.
La escritora de la Guía para el cuidado infantil “Mi cuerpo es un regalo” y “Agua fresca en los espejos”, Vinka Jackson visitó la Universidad de Playa Ancha para dictar una clase a los estudiantes de Educación Parvularia.
Invitada por la coordinadora docente de Educación Parvularia, María Inés Fuentes Bardelli, la especialista compartió sus saberes con futuros formadores con la finalidad de elevar los estándares de atención a los niños en los establecimientos educacionales y en el diario vivir.
“No partamos de menos a más. Se deben establecer vínculos claros y seguros con los pequeños, donde haya estándares claros de cuidado y normas de convivencia definidos en cada establecimiento. Para ello es muy importante que los niños sean validados, que los adultos referentes aprendan a escuchar y creer en los niños”, aseveró la psicóloga.
-¿Qué relevancia tienen estas acciones en el desarrollo del niño o la niña?
“Sin ánimo soberbio creo que aquí estamos, en cada una de estas instancias cambiando el mundo, si no al menos cambiando el país, la educación o por lo menos cambiando la relación con los niños. Es fundamental entender que lo que hacemos ahora incide en el niño y en la mujer o el hombre que van a llegar a ser algún día. La charla de hoy es un granito de arena respecto a la relación que podrán establecer no solo con sus futuros estudiantes sino con sus propios hijos”.
-En ese sentido, esta responsabilidad nos alcanza a todos.
“No somos solo responsables de nuestros niños, compartimos una responsabilidad entre todos, es una tarea mancomunada y también cómo afrontamos colectivamente cuando no logramos evitar el sufrimiento de un niño. Lo que podemos hacer de la educación, de Chile, también nos compete a todos.
Tenemos una responsabilidad cívica y activista potente e indeclinable, todos quienes trabajamos en ámbitos vinculados con la niñez y también con los adultos mayores, pero especialmente con la niñez.
-¿Por qué especialmente con la niñez?
“Entre los 0 y los tres años se desarrolla el cerebro a un 80 por ciento y el resto alcanza su plenitud hasta los 25 años, imagínate la importancia de esos tres años. Todos los que están acá son docentes de párvulos, mujeres y hombres que van a tener un tremendo impacto en la vida de un montón de niños entre los 0 y 3 años, si bien no vas a lograr incidir en la vida de todos por igual, pero si incides en uno o en cinco es muy significativo”.
-¿Qué rol cumple entonces la educación en este trabajo de formación desde la niñez?
“Creo que no hay misión más noble y revolucionaria en estos momentos que trabajar en educación y especialmente en educación de primera infancia. Si hay una posibilidad para que este país cambie tiene que ser desde aquí.
Desde la educación parvularia se están haciendo muchas cosas, veo un interés de los docentes por replantearse la relación adulto – niño, el cómo la sociedad los concibe como ciudadanos como personas sujetos de derechos, etc.
Lo que puedes ver de aquí a 20 años podría ser increíble, realmente, creo que hay otros cambios que no se van a dar de otra manera. Creo que es un trabajo de hormiga y parte en la sala, con cada niño, con cada familia. En la actualidad ser niño ya no es fácil, y es cosa de ponerse de rodillas para ver el mundo desde esa perspectiva. Más difícil es cuando en tu país no está la disposición de acoger a todos los niños o que dé oportunidades a todos los niños por igual”.
-Es bastante crítica su postura.
“Lo digo porque la cantidad de talentos que estamos dilapidando es tremenda, el piso que da una Ley de Protección Integral de Derechos de la Niñez es lo mínimo, nosotros aquí podemos ir mucho más allá y hay una serie de niños que por las condiciones por las que viven, por el mayor o menor grado de expansión que tiene la educación hoy en día no están descubriendo todos los talentos con que vienen.
Existen doce tipos de inteligencia, todos tenemos talentos pero dependemos de que alguien nos haya ayudado a explorarlo y descubrirlo.
Los niños, y aquí sí que somos claves, y un solo adulto tanto en abuso sexual infantil como en la vida en general de cualquier niño, hace la diferencia.
El libro que lanzaré prontamente que se llama “Todos juntos”, trata un poco de eso. Hay historias increíbles de niños en el mundo que están haciendo cosas fascinantes, nobles, solidarias, y no es porque sean solamente tan únicos, que lo son y cada niño lo es, es porque tuvieron cada uno de ellos un adulto que se la jugó por potenciar sus talentos y habilidades.
Actualmente, los niños muchas veces sienten un cambio muy drástico en la enseñanza básica, el tono no debería cambiar. El cuidado es indivisible de toda la educación de 0 a 18 años y más, lo mismo la fascinación por el conocimiento. Nunca un niño está más abierto a la maravilla que durante la primera etapa, porque todo es nuevo para ellos, pero esa actitud fascinada podría durar toda la educación si quisiéramos”.
-Usted ha sido la principal promotora de la Ética del Cuidado, ¿cómo se vincula con este proceso formativo?
“La ética del cuidado pone en el centro algo que está en nosotros, que traemos y hay que vivirlo. La ética del cuidado no es que se aplique mientras sean chiquitos, es para toda la vida y además fortalecemos el cuidado de los unos con los otros.
Los niños deben comenzar a crecer en una comunidad preocupada por el otro, donde deben primar los buenos tratos, y donde los adultos referentes deben observar el mundo desde sus coordenadas.
En ese sentido, hay temas que se deben abordar abiertamente como el desarrollo de la afectividad y la sexualidad en los niños; la utilización de un lenguaje propio para la edad. Otro factor determinante es la posibilidad que le damos a los niños y niñas a decir que no en los primeros años, y respetar esa decisión. Con ello no estamos trabajando para los 3 o 4 años sino para los 14, 15 años, donde un 80 por ciento podrá decir que no a situaciones de riesgo”.
La avalancha de informaciones sobre el abuso tiene un lado positivo: estamos creando conciencia y aprendiendo a hablar de un tema que, hasta hace poco, era tabú. “El abuso puede sentirse como una bomba nuclear, pero es posible reordenar y reconstruir”, explica esta psicóloga, experta en el tema y sobreviviente de abuso.
Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló.
Hay una contradicción cuando se conoce a Vinka. Bastan solo unos minutos de conversación para develar esa dualidad: por un lado, una fragilidad evidente, desde lo físico y lo no verbal, y por otro, una fortaleza y resiliencia que impactan a cualquiera.
Es grácil y delicada. Su voz tiene un tono dulce e, incluso, algo quebrado. Pero al minuto de compartir, escucharla y leer su impactante testimonio como sobreviviente de abuso sexual en su libro Agua fresca en los espejos, la percepción cambia radicalmente y se vislumbra a una mujer fuerte, aguerrida, decidida a ser feliz a pesar de sus circunstancias y, además, dispuesta a compartir sus experiencias y conocimientos de un camino que es de desafíos, pero también de renacimientos posibles.
Definió en su adultez que su mayor pasión estaba en la literatura. Hoy combina sus tareas: escribe libros, columnas, da charlas y realiza consultas, mientras disfruta de una maternidad muy original, resolviendo las dispares necesidades de sus hijas de veinticuatro y cuatro años. Y aunque no buscó dedicarse al abuso, la vida la llevó a enfrentarse diariamente con sus propios demonios. La respuesta la ha sorprendido, cada día son más quienes se acercan a ella, le escriben cartas y correos, o vía twitter bajo el hashtag #tribu, para identificarse con una historia común.
“Estamos viviendo un momento que, a pesar de ser doloroso y difícil, es muy positivo y esperanzador en la mirada ética del cuidado. Hay mayor conciencia sobre el abuso y más coraje en enfrentarlo. Hay preocupación, estamos mejor dispuestos a escuchar a los niños y a no dejar sin explorar fuentes de sufrimiento que podrían deberse al abuso, o quizás a otros motivos. No hay que seguir pecando de ceguera”.
¿Es sólo un aumento de denuncias o efectivamente una mayor ocurrencia de casos?
No podemos saber si ha aumentado la ocurrencia. El abuso se construye y sostiene en silencios y secretos. Y no podemos olvidar que, por cada denuncia, existe un número estimado de siete niños que no hablarán.
¿Qué papel jugaron los denunciantes del caso Karadima en este “destape”?
Mucho antes de ellos, hubo tres mujeres: Katherine Salosny y las hermanas María José y Ángela Prieto, que fueron las primeras personas, en Chile, que pusieron luz sobre este tema. Años después, los denunciantes de Karadima amplificaron esa luz, visibilizando el abuso no solo a las niñas (que son cerca del ochenta por ciento de los casos), sino también a los niños y adolescentes hombres. Y nos recordaron, además, que el abuso podía ocurrir en cualquier entorno, inclusive dentro de la Iglesia. Fue un testimonio histórico, especialmente el de James Hamilton en televisión.
¿Lo que está ocurriendo en Chile es parte de una tendencia internacional?
Siento que sí, aunque unos cuantos años más tarde. A mí me tocó vivir en Estados Unidos la develación masiva de las denuncias contra la Iglesia Católica en los noventa (que también se dio en Irlanda, Inglaterra, Canadá), y el tema siempre estaba presente: en educación, en los medios, en las familias. No era tabú, ni se cuestionaba la credibilidad de los denunciantes.
¿Qué experiencias podemos rescatar de otros países?
En mi caso, para entrar a trabajar en un colegio, no solo fui evaluada, sino también capacitada en prevención de abusos y en estándares de relación y acercamiento con los niños. Y no solo pensando en el aspecto físico-corporal, sino también emocional, porque mi rol era de profesora y orientadora, no de “amiga cool” o “mamá sustituta” de mis alumnos. En prevención, la clave está en educar, educar, educar. A nivel ciudadano, también, se observa en otros países una mayor apertura a considerar que el abuso es posible, que debe denunciarse y que puede repararse, pero que en esto es central la respuesta familiar y colectiva frente a las víctimas.
Existen muchos mitos respecto de los abusadores. ¿Cómo saber qué es cierto y qué no?
Es un tema complejo. Aun hoy en día, existe un debate sobre la “patología” o no de los abusadores. Es importante reiterar que la mayoría de los abusos ocurre en el entorno más cercano, con familiares (mayor proporción de padres biológicos, luego abuelos, padrastros, tíos, etc.) o personas de confianza de la familia (educadores, sacerdotes, mentores del niño o joven en grupos diversos). Apenas un cinco por ciento corresponde a extraños. La mayoría son hombres; solo entre un diez y un veinte por ciento serían mujeres. No existe un perfil inequívoco y muchas de estas personas pasarían nuestro primer escrutinio y hasta podrían llegar a contar con nuestra confianza. Quien abusa no es ese personaje con visos “depravados” que muchos podrían imaginar; y tampoco es igual decir abusador que pedófilo, así como existen distinciones entre una relación de incesto, por ejemplo, y el abuso y/o explotación sexual. Es importante saber que quienes abusan, en su mayoría, pueden tener un trabajo corriente, parejas adultas y heterosexuales, incluso familias. Algunos pueden ser más solitarios, tener problemas de sociabilidad con sus pares adultos, vivir con mucho miedo de sus propios impulsos o de ser descubiertos. Y otros pueden ser más impulsivos y temerarios, como ese papá que fue detenido en un bus de Transantiago. Los acercamientos a los niños también son diversos y no siempre pasan por la amenaza, intimidación y coerción, sino que también por la vía del “encantamiento” y la creación de complicidades afectivas con el niño.
Los últimos casos develados y denunciados son en colegios. ¿Cuáles son los criterios para elegir el lugar en el que nuestros hijos van a pasar gran parte del día?
Es importante preguntar al colegio por su postura y procedimientos para promover buenos tratos, para prevenir abusos de todo tipo y capacitar al personal en esta materia. Saber cómo enfrentan situaciones de sospecha o de abusos comprobados. No me refiero solo al tema de la denuncia, que es una obligación, sino al apoyo.
¿Cómo trabajamos para no convertirnos en una sociedad paranoica? Es difícil no ver abusadores en todas partes…
Es cierto, sobre todo porque ya sabemos que, en todos los entornos, es posible encontrarnos con esta experiencia feroz. Pero así como podemos asumir que existen personas que abusan, también uno puede ver “cuidadores” en todos lados: buenos padres y madres, abuelos amorosos, educadores comprometidos. Quizás el llamado es a ser más precisos en nuestras distinciones. Que alguien sea “súper cariñoso” con los niños, no implica que sea respetuoso de sus límites corporales y emocionales. Hay personas para quienes el afecto, la ternura y el respeto no van de la mano. Si es así, estamos en todo nuestro derecho a actuar para proteger a nuestros niños. Hoy las energías deben ser puestas en garantizar un cerco de cuidado, de respeto y valoración de la infancia y sus derechos, y dejar de reaccionar solo ante los “incendios”.
EDUCAR, CONVERSAR, ESCUCHAR
“El cuidado y prevención son siempre una responsabilidad nuestra, no de los niños. Pero podemos guiarlos, desde que nacen, en la formación de un repertorio de auto cuidado: con respeto a sus ritmos de crecimiento, sus cuerpos, sus preferencias, sus límites físicos y emocionales, su privacidad e intimidad, su dignidad como personas humanas, su derecho a decir no. Cuando crecen y ganan en lenguaje, la comunicación es imprescindible; escucharlos, conversar con ellos y compartir información sobre sus derechos, sus cuerpos, la sexualidad, y también sobre qué esperar de la relación con los adultos. Hay distinciones imprescindibles que enseñarles, por ejemplo, entre el respeto versus la obediencia ciega o el sometimiento”.
En materias legales, ¿en qué se ha avanzado y qué es lo que falta por hacer?
Se agradece, por ejemplo, la reciente ley de Inhabilidad Laboral y el registro nacional de pedófilos. Pero existen deudas inmensas, como la imprescriptibilidad del delito de abuso sexual infantil o al menos una ampliación significativa de los plazos de prescripción (ojalá treinta años) para facilitar la denuncia; también es prioritaria la Ley de Prevención Obligatoria para Jardines y Colegios, que fue presentada en enero de este año, y luego los proyectos de Defensoría del Niño y de Ley para la Protección Integral de la Infancia. Recientemente, el Ejecutivo presentó un paquete de medidas para “combatir” el abuso, y aunque se valora, seguimos en la “reacción” más que en la acción y prevención.
¿Es posible reparar el abuso sexual?
Sí. Por difícil y traumática que sea la experiencia. La clave es detener el abuso lo antes posible (a más años de silencio, mayor el daño), permitir la develación de la verdad, escuchar y creerles a las víctimas, y también acompañarlas. El abuso puede sentirse como una bomba nuclear, pero es posible reordenar y reconstruir, hacer una vida plena. Claro que esta reparación, en la mayoría de los casos, requiere de apoyo terapéutico, y para muchas familias el costo de una terapia puede ser prohibitivo. Cuesta entender por qué el abuso sexual infantil todavía no es asumido como una prioridad en salud pública.
Tú eres un ejemplo de que uno puede reconstruirse, enamorarse y hacer familia. ¿Cuál es la experiencia que, desde ese lugar, puedes entregarle a las víctimas o a sus familias?
Toma tiempo, voluntad, y una vuelta a la confianza sobre el cuidado como algo posible en las relaciones. También pasa por reconocerse e ir ejerciendo derechos: a elegir y des-elegir, a expresar y actuar sobre preferencias personales y no ajenas, a distinguir entre buenos y malos tratos, y también entre buenas personas, buenos cariños, y aquellas relaciones que empobrecen tu vida o derechamente te dañan. Son ejercicios de mucha perseverancia y no están exentos de error, pero es hermoso recalibrar y tener la posibilidad de darte crédito, escucharte, hacerte caso. La vida tiene desafíos, accidentes, pero también tiene tanto que ofrecer, y no es un pecado ni una exageración querer construir algo bueno y bien cuidado, y al mismo tiempo poner límites, renunciar a ciertas cosas, y alejar de tu vida a personas que pueden exponerte a nuevos abusos y daños. Desde este suelo necesario se da el otro eje esencial para sanar: el amor. A mí eso se me reveló muy fuerte gracias a la maternidad. Es un aprendizaje transformador, súper reparador, de activar muchas resiliencias y gratitudes. Ser mamá, esposa y hacer hogar, me ha enseñado mucho sobre el amor.
Reducir el riesgo
Algunos tips para enfrentar este tema con los niños y reconocer los riesgos:
– Distinguir con la mayor precisión posible que hay espacios privados, y otros “de grandes” y “de chicos”: habitaciones, la cama, los turnos para ocupar el baño.
– Si nuestros niños son invitados a otras casas, conozcamos a los papás y mamás, hay que saber con quiénes se quedarán nuestros niños.
– Conocer bien criterios de cuidado, de prevención y de respuesta frente a denuncias en los establecimientos prescolares y escolares donde asisten nuestros niños. Evitemos matricular a nuestros hijos en lugares donde no se tomen las medidas adecuadas.
– Conozcamos bien y verifiquemos referencias de cuidadores como nanas, babysitters, o choferes de transporte escolar, monitores, entrenadores o personas conocidas (otros apoderados o vecinos del barrio) con quienes dejemos a nuestros hijos. Expliquemos por qué; quienes están comprometidos con estos temas, entenderán nuestro celo.
– Hablemos con nuestros niños. Queremos saber cuán bien lo han pasado, y también notar a tiempo señas de malestar, angustia, temor o incomodidad.
– Acompañemos a nuestros hijos a la plaza, a jugar. Permitamos que jueguen con sus amigos, pero también dejémosles saber que estamos accesibles y cercanos, para lo que sea necesario.
– Estemos atentos a las actividades que desarrollan nuestros hijos en computadores de escuelas, colegios, o del hogar. Internet es una gran herramienta, bien usada. Pero administremos los tiempos de acceso al computador según la edad de cada niño, apoyémonos en controles parentales e historiales de navegación. Indicar criterio para sitios que pueden visitar, evaluar muy bien participación en Facebook, y si tienen permiso para chatear, limitarlo a conocidos de su colegio y con la condición de que cuenten en el chat de que sus papás están atentos y presentes.
– Si nuestros niños nos conversan, conservemos la calma, dejemos que el niño se explaye, hagamos preguntas genéricas o esenciales y de forma sutil. Si fue falsa alarma, de todos modos establecemos un antecedente positivo
-En relación con el cuerpo, es recomendable que una vez que comiencen a usar traje de baño o ropa interior, e inclusive con pañales (si ya son capaces de comprenderlo), señalemos que justamente lo que cubren esas prendas está fuera de límites para el mundo. Debemos ser claros en quiénes podrían, bajo qué circunstancias, tocarlos en esas áreas (lo mismo corre para la boca y las manos).
-Es fundamental enseñar los nombres anatómicamente correctos de todas las partes del cuerpo, y de las partes íntimas e ir constatando de tiempo en tiempo ese aprendizaje.
-No temer ir abordando los temas de la sexualidad, acorde al nivel de comprensión y madurez de los pequeños.
– Respetar y estimular a los niños a ir pausadamente definiendo sus cercanías o distancias físicas y emocionales con distintas personas. Ser respetuosos y cordiales, no es igual a estar obligados a besar o abrazar a medio mundo.
– Enseñar a los niños que hay secretos que NO DEBEN GUARDAR. Es necesario incentivar a nuestros niños a decir que NO, sacar su voz o a pedir ayuda.
-Ante las preguntas de nuestros niños debemos responder de forma sencilla, clara y honesta. Si no estamos seguros sobre qué responder, pedir ayuda.
-Cuando las preguntas estén directamente relacionadas con el abuso sexual tratemos de entregar información clave, sin jamás evadir el tema.
“Es importante preguntar al colegio por su postura y procedimientos para promover buenos tratos, para prevenir abusos de todo tipo y capacitar al personal en esta materia. Saber cómo enfrentan situaciones de sospecha o de abusos comprobados”.
Vinka estuvo junto a Beatriz Sánchez, Álvaro Escobar y Francisco Eguiluz con motivo del lanzamiento de su nuevo libro “Tod@s Junt@s”.
Vinka fue entrevistada por Polo Ramírez en “Aire Fresco” para hablar de su nuevo libro “Tod@s Junt@s”.
Autora de libros como “Agua fresca en los espejos” y “Mi cuerpo es un regalo”, la psicóloga Vinka Jackson ha trabajado extensamente desde su profesión sobre el cuidado y prevención del abuso sexual en niños y niñas. Sin embargo, no es un tema discutido públicamente y en el cual las ciencias sociales “tienen mucho que aportar”, según Jackson.
El último periodo de la dictadura marcó el ingreso de la psicóloga, escritora y activista por los derechos de la infancia, Vinka Jackson (47), a la Escuela de Psicología de la Universidad de Chile. Optó por la casa de estudios porque “desde donde yo podía ver o intuir como adolescente, era más diversa e inclusiva en su estudiantado que las demás de esa época”, recuerda. Sus primeros años de estudio estuvieron marcados por activas movilizaciones y resistencias a la “pesadumbre y espanto de esa época. Crecimos mucho en esos afanes”, recuerda.
Mientras cursaba su tercer año de carrera, triunfó el No en el Plebiscito de 1988, y más tarde Patricio Aylwin asumió como primer presidente de la transición, por lo que los cambios ocurrieron después de su partida de la universidad. “La formación que recibí, en retrospectiva, fue versátil, y en algunas asignaturas, con ciertos maestros y maestras, enriquecedora y provocativa. Hablo no sólo de mi escuela, sino de sociología y antropología también, y de muchos ramos de los cuales pudimos beneficiarnos como oyentes”, comenta.
Vinka Jackson es discípula de Carol Gilligan, Psicóloga Social de la Universidad de Harvard, quien destaca por ser pionera en la ética del cuidado. Jackson se ha dedicado y especializado en la prevención y tratamiento del abuso sexual infantil (ASI). Paralelamente, desarrolla actividades de orientación y educación en afectividad, sexualidad y relaciones humanas en comunidades educativas. Entre sus publicaciones, se cuentan el libro autobiográfico “Agua fresca en los espejos”, “Mi cuerpo es un regalo” y “Tod@s junt@s”, que será presentado el jueves 28 de mayo en la Fundación Cultural de Providencia.
-¿Cómo se ha desarrollado su vocación profesional por la psicología?
Yo creo que quizás la conclusión interna más importante es que dentro de la Facultad de Ciencias Sociales, miraba con enorme admiración y casi con poca autoestima a sociólogos y antropólogos en tanto estaban pensando la sociedad, mientras que los psicólogos la miraban de otra manera. Por eso, la psicología social resultaba tan interesante y te convocaba.
Pero, luego me percaté que el para qué de las cosas es la pregunta más importante que te puedes hacer en todo. A lo largo de los años, se me reveló que la vocación profesional vinculada a las ciencias sociales era tan relevante como si hubiese elegido estudiar medicina porque en esto del para qué de las cosas, la medicina tiene un para qué muy evidente y cotidiano. Eso, lo empiezas a ver más claro conforme creces, que tu carrera o área de estudios no es separable y es parte de un tejido mucho mayor donde todo incide en el vivir mejor.
-¿De qué manera han incidido las ciencias sociales en el análisis de temas contingentes como los derechos de la infancia, problema que has abordado constantemente en tus libros?
Es bien exacto el momento en que estamos viviendo. Yo siento que ha habido, y de parte no sólo de las ciencias sociales, sino que de las humanidades en general mucha contribución en este tramo, desde el cómo o porqué se origina una serie de dolencias y fallas o sufrimientos, en un sentido ético y social. Hay una sensación de malestar que va mucho más allá de la indignación y del grito, yo creo que nos sentimos apesadumbrados en este minuto. Ha habido conductas de la clase política o de las élites que nos han hecho mal de salud.
Ahora, he sentido nostalgia de verdad y, tal vez en una lógica muy práctica y cotidiana -y en eso la maternidad a uno la determina bastante- de cómo vamos a salir de esto: pensar el ahora y el mañana. Extraño también las voces provenientes de los cientistas sociales para señalar cómo caminamos, qué de nuestra experiencia recogemos, de qué manera hacemos justicia y nos perdonamos en distintos grados. Se usa mucho la frase de que todos somos responsables. Yo creo que sí la responsabilidad es compartida porque incluso no responder y no actuar muchas veces es una forma de respuesta.
A partir de las primarias estuve haciendo campaña para no votar desinformadamente. Creo que un tema álgido es la situación de la niñez: los niños no tienen votos, poseen una voz muy limitada, carecen de incidencia económica, por tanto en una elección no están visibles. ¿Quiénes hacemos sus voces visibles? Los adultos y si estoy compartiendo con niños con mayor razón estoy votando doble o triple.
A mí me parte el alma que no se acostumbre preguntar a niños(as) cómo te gustaría o qué te gustaría hacer. Es una interrogante que les hacemos pocas veces, y yo creo que ahí las ciencias sociales tienen algo tremendo donde aportar y desde otro lugar.
-Sobre modificar el ahora y el mañana en nuestra sociedad en temas como, por ejemplo, los relativos a infancia, ¿qué postura debieran adoptar las ciencias sociales?
Si las ciencias sociales pueden ayudar a que se canalice o despierte lo que sabemos y hacernos conscientes de todo lo que sabemos y plasmarlo en palabras y acciones, sería un tremendo salto.
Me ha gustado mucho conocer a profesionales jóvenes, es en ellos donde he visto señas esperanzadoras de, por ejemplo, esto que comentaba de humanizar o aterrizar el lenguaje de otra manera para que todos podamos conversar de ciencias sociales.
Cuando uno habla de cambiar el mundo suena utópico pero no, cada quien puede tener una propia agenda de cambios del mundo, mundos más chiquitos, mundos más grandes, y lo que una democracia, gobierno o todos en un país podríamos aspirar es a que la vida sea mejor y eso requiere cuidado, cuidados bien particulares que se expresan en leyes, actitudes y cambios culturales profundos. En este sentido, nuestra voz, como la de otras ciencias no se ha aprovechado al máximo todavía.
Con todo el entusiasmo que me provoca ver los cambios de mi propia escuela en la Chile, todavía tengo la añoranza y, para eso, pido a la academia en general que podamos interactuar, particularmente, con niños(as) y actualizar el currículum de enseñanza para integrar temas que tienen que ver con el cuidado y la prevención del abuso sexual infantil.
Es maravilloso tener la posibilidad de escribir un paper para la academia y desarrollar investigaciones que cambien el curso de la humanidad en las sociedades. No obstante, no nos perdamos con las tareas cotidianas. Sin perder los horizontes mayores -porque hay que soñar en grande y proponerse metas importantes- no hay que perder de vista aquellos espacios más pequeños donde de repente la semilla crece mucho más grande. Un proyecto de seis meses termina generando, por ejemplo, un cambio de estructura mental o de actitudes en alguna comunidad específica.
Carolina Escobar, periodista Facultad de Ciencias Sociales.
Publicado en Facultad de Ciencias Sociales de la Universaidad de Chile (FLACSO) 14/05/2015
Resumen y agradecimientos 2014, Vinka Jackson psicóloga, autora, discípula de Carol Gilligan, Especialista Tratamiento y Prevención Abuso Sexual Infantil desde la Etica del Cuidado. “Mi cuerpo es un regalo” Serie Blok, B Ediciones, Chile, niños 0-6,7 años.
Vinka Jackson conversó en Aire Fresco sobre los derechos de los niños a propósito del reciente anuncio de Premio Nobel de la Paz a Malala Yousafzay y Kailash Satyarthi.
Enlace al podcast en la web de Radio Duna
Vinka Jackson: “Ha habido un aumento de la demanda de consultas por ASI por sobre un 20%, pero eso no necesariamente se traduce en un aumento de diagnóstico de abuso. Es bueno saber que la gente lo está hablando más y queda mucho camino por recorrer.”
Enlace al podcast en la web de Radio Universidad de Chile