Trilogía Basta! , trescientas voces para el cambio
Durante el 2012, se gestaba la voluntad de un grupo de escritoras chilenas -en Asterión Ediciones y movilizadas por la maestra Pía Barros- por poner las voces literarias a disposición de una causa más, y una muy urgente, del cuidado.
Ya el año 2011 había sido publicada una compilación de más de 100 mujeres que escribieron para despertar conciencias sobre la violencia de género. Luego, siguieron más de cien escritores hombres. Los libros de la serie ¡BASTA!, pequeños y tremendos, comparten minificciones (cuentos de no más de 150 palabras) que buscaban generar una reflexión no sólo en Chile, sino también más allá de nuestras fronteras, en varios países que han ido replicando la iniciativa chilena.
En el horizonte que seguía: los niños y niñas. Muy pronto fue tomando forma la antología donde concurrieron más de cien escritores hombres y mujeres, consagrados como Antonio Skármeta, o noveles como una niña de 11 años y una mujer octogenaria, junto a discípulos de los talleres de Pia Barros, donde muchos nos formamos, y sobre todo, encontramos voces que eran imprescindibles más allá del ardor literario y las ganas de aprender. Porque eran de supervivencia, de reclamar la vida, voces de primera vez, balbuceos que de susurro pasaron a declamación, y hasta trinos, luego de décadas enmudecidas.
Tantas historias llegaron durante una convocatoria que duró meses y cuyos criterios de selección -un ejercicio muy difícil- fueron estrictamente literarios. En quienes se sumaron, sin preguntar, estuvo la confianza en un proyecto pionero liderado por una escritora de las grandes en nuestro país, y quien ha defendido la literatura como camino de transformación social y así lo vive cada día, con sus alumnos, con jóvenes de liceos en distintos lugares del país, con estudiantes de otros lugares del mundo a los que ha llegado con su amor por la palabra y la humanidad.
Entre los relatos de BASTA!, en el último volumen de la trilogía, encontramos también los de algunos sobrevivientes de abuso infantil, experiencias que no han sido motivo para conceder ni dejar de trabajar por bienestares íntimos, personales, y de otros prójimos. Relatos hijos del imperativo de develar, conocer, de movilizar y dejar establecida una voluntad ética de cuidado por la infancia, y de respeto en la relación con ella, adultos de todas las edades, con todo lo que podemos traer a ese vínculo vital con los niños y niñas: nuestras resiliencias, memorias, afectos, rebeliones, necesidades, duelos, deseos y también indefensiones.
Aquí es donde nos detenemos en el sudario y el golpe de luz: en las indefensiones y sufrimientos de los más pequeños. Sobre sus cuerpos, sus sueños y días que, como el verso de Alejandra Pizarnik pide, deberían tener “perfume a pájaro acariciado”. Lejos de ese perfume transcurre la niñez de muchos pequeños en el hambre, la soledad, la explotación laboral o sexual, las violencias físicas y emocionales, la desviación inconcebible de curso y de vida a la que son forzados los niños y niñas en este milenio todavía, sin poder contravenir o alterar destinos a no ser que cuenten con la intercesión de otros, más grandes, que sí tenemos la posibilidad de intervenir y traer sus voces al frente, para que sean escuchadas, acogidas. Cuidadas también.
Pía Barros -escritora, compiladora y editora responsable de ¡BASTA!- nos recuerda en el prólogo que “el término infancia viene de infans, es decir, sin voz, el que no habla…decidimos esta convocatoria literaria para que los cuentos hablaran por quienes no pueden, desde ese secuestro permanente de la niñez”… el secuestro en un silencio que no siempre será impuesto a fuerza de intimidaciones o extorsiones (aunque muchas veces sí lo sea), pero
En cualquier hogar, en cualquier paisaje donde nazcan, los niños vivirán la lluvia o una sed, la suavidad o la brusquedad, siempre antes de poder darles nombre; siempre antes de ungirse en voz. La voz en la infancia, al igual que brazos, piernas, huesos y funciones vitales, toma tiempo para desarrollarse. Durante ese tiempo, la responsabilidad es y debe ser siempre de los adultos: de entregar a los niños el regalo de las palabras, escucharlos con plena atención, y aun cuando los pequeños recorran callados sus experiencias, reconocer ese silencio también como un idioma que nosotros los grandes debemos traducir.
BASTA!+100 cuentos contra el abuso infantil. Los esperamos para compartir en un espíritu que nos ayude, desde la creación y la ética del cuidado mutuo, como dice Pía ” a soñarnos y soñar un universo de pleno respeto a los derechos de las personas y de cuidado real a lo verdaderamente sagrado que es la infancia”.